«Necesitamos que más mujeres y disidencias ocupen espacios de toma de decisión creativa dentro de proyectos audiovisuales»

Gabi Arnal Sandia

Gabi Arnal Sandia, cineasta y comunicadora

Hablamos con Gabi Arnal Sandia, cineasta y comunicadora, ganadora del Premio Berta Cáceres en la V edición de Dona’m Cine con el corto Cuidanderas.

Gabi es licenciada en Diseño Gráfico en Venezuela y cuenta con más de 15 años de experiencia en el ámbito audiovisual. Su trayectoria abarca roles como productora, directora, guionista y asistente en diversos proyectos, iniciándose en la animación.

En 2019, escribió y dirigió la serie web documental «CUIDANDERAS», producida para el Fondo de Acción Urgente de Latinoamérica y el Caribe. En 2022, estrenó el documental «Amazonía 2.0» para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), y en próximamente lanzará la serie de cortometrajes animados «EcoCuentos» producida para el Programa REM del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica del Ecuador.

Actualmente, Gabriela desempeña el rol de Consultora en Comunicación para el Panel Científico por la Amazonía (SPA) y está involucrada en varios proyectos audiovisuales en fase de desarrollo.

Hola Gabi, antes de empezar, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Cómo empezaste en el sector audiovisual?

Estudié en la Universidad Diseño Gráfico y durante un tiempo también artes escénicas. También hice teatro toda mi adolescencia y juventud temprana.

Desde pequeña siempre que quise ser artista. Siempre conecté con cualquier forma de contar historias, cualquier forma de expresión. Al terminar mis estudios de diseño gráfico, mi primera experiencia laboral formal fue dentro de la producción de una serie animada.

Aunque ya había tenido otras experiencias dentro del teatro y de la producción audiovisual, fue dentro del campo de la animación donde empezó mi trayectoria. Empecé trabajando dentro del departamento de arte y luego dentro del departamento de producción durante varios años en proyectos animados en Venezuela. Y luego acabé uniéndome a una productora audiovisual con la cual la que luego me traslado a Ecuador. Aquí montamos la productora y empezamos a dedicarnos un poco más a la producción documental.

A lo largo de estos años he conectado mucho más con proyectos de índole ambiental, social y también de género, donde he podido adentrarme un poco más en la realización de documentales y cuando puedo sigo igual trabajando en animaciones. Y si puedo mezclar las dos cosas, pues más bonito todavía.

¿Cuáles han sido tus principales desafíos en hacer este tipo de cine documental?

Creo que hay desafíos en distintos tipos de espectro. Por un lado el conseguir realizar proyectos por comisión, es decir, conectar con organizaciones que le ven la importancia a visibilizar cierto tipo de historias y que hagan inversión en desarrollar esas producciones.

Luego hay desafíos que tienen que ver con ser mujer, que tienen que ver con ser vista, ser respetada, ser escuchada, poder ocupar espacios de toma de decisión creativa, de poder ser un artista más allá de ser una mamá productora.

Muchas veces ocupamos estos espacios de coordinación, cuidado y no se nos permite tanto ocupar espacios más realmente creativos, decisivos, excéntricos, geniales. Eso se reserva para los directores, no para las directoras. Creo que jugar con el espacio que se nos permite ocupar es otro de los desafíos.

Y luego hay un desafío social o de poder contar historias reales de personas mucho menos privilegiadas que yo, de personas que son parte de minorías de nuestra sociedad, de lugares invisibilizados.

El desafío de poder conectar con personas con otra realidad, de respetarles, de poder trabajar desde un lugar horizontal y no vertical, de poder realmente amplificar la voz de otro y no la tuya, de trabajar con empatía, de también ingresar en espacios que no necesariamente son seguros para, para, para ti y para ellos, ellas, elles. Ese desafío de lograr capturar momentos emotivos, momentos reales, momentos honestos, pero siempre con el respeto por delante y siempre estando muy consciente de mis privilegios.

¿Cómo de necesario es en el sector audiovisual incorporar este tipo de miradas?

Creo que es importantísimo que más voces diversas estemos generando historias y contando las historias, no solamente para que podamos promover esta diversidad o podamos promover empatía, que podamos abrir los ojos, que entendamos de que hay millones de realidades dentro de este mismo mundo. Que la vida realmente atraviesa a cada persona y a cada sector de maneras muy distintas y que el cine puede ser un canal para que nuestras mentes se abran a esas realidades y que eso ayude finalmente a alinear de repente los valores de nuestras sociedades, a permitirnos de verdad ser más empáticos, a entender de verdad de qué tratan los derechos humanos, derechos fundamentales, de que trata el respeto. Palabras muy desgastadas hoy en día como equidad o diversidad o inclusión, ¿de que realmente se está hablando?

Creo que si no somos capaces de imaginarnos cosas es porque no las conocemos. O sea, creo que una persona que nunca ha visto el mar, nunca ha visto una fotografía del mar, nunca ha visto un dibujo del mar, no ha visto nada, difícilmente se lo puede imaginar en su cabeza. No tiene ninguna referencia. 

Entonces, si nunca, de ninguna manera, por ejemplo, te has imaginado como es la vida de una mujer negra en el Pacífico colombiano que ha sido desplazada por años de violencia sistemática, es imposible que puedas empatizar con esa historia. Es imposible que pueda generar ningún tipo de cambio, porque es que no te imaginas que esa realidad existe.

Entonces el cine, así como los libros, como cualquier tipo de arte, transmite o se convierte como en un pequeño huequito a través del cual podemos mirar realidades que no son nuestras, y que eso nos produzca algo por dentro y como sociedad quizás ayude a construir un mundo mejor, un mundo más empático, un mundo más justo, donde de pronto la vida no sea tan cruda para para algunas personas.

Así que sí, creo que es muy importante que voces realmente diversas puedan contar sus historias y que haya más espacios donde esas historias se puedan compartir, porque ya hoy en día va siendo más fácil desde tener un teléfono y poder grabar y subirlo a YouTube, pero es difícil darle visibilidad a esas historias.

Entonces sí, creo que es muy importante esos espacios que te ayudan a darle un poco más de visibilidad a esa historia distinta o particular.

¿De qué manera crees que Dona’m Cine contribuye a visibilizar estas miradas diversas y a construir nuevos imaginarios?

Yo creo que aporta justamente un espacio para historias contadas por mujeres. Pero además, el mismo hecho de tener, por ejemplo, un premio Berta Cáceres hace que todo mundo se pregunte quién será Berta Cáceres. Entonces es ponerse a investigar y de repente descubrirnos lideresas latinoamericanas y de ahí ir saltando y conocer otras mujeres indígenas, negras o de distintos lugares del mundo, nada más por ver a que será esto de un premio Berta Cáceres.

Y luego para mí fue como conseguir un espacio con el que conecto o conectan dos de esas grandes pasiones o de esos grandes propósitos con los que resueno mucho, que son, la lucha feminista y la lucha por la conservación de la Madre Tierra.

Poder conseguir un espacio donde se reconozcan estas historias particulares que encuentran la conexión entre la mujer y el territorio. Para mí fue como conseguir el espacio perfecto donde compartir, Cuidanderas y donde compartir la historia de las mujeres.

En Bolivia, que justamente ellas también han desarrollado mucho este discurso de cómo la violencia medioambiental va unida a la violencia de género, es un poco triste, algo duro lo que les toca vivir, de cómo la minería acaba con sus tierras pero también acaba con ellas como mujeres y como ellas como mujeres indígenas, son las que sufren de primera mano toda esa violencia medioambiental.

Creo que fue un espacio muy bonito y muy representativo para poder compartir esta historia con un público mucho más amplio del que yo sola puedo llegar.

Gaby, justamente tú ganaste el premio Berta Cáceres de la V edición de Dona’m Cine con el documental Cuidanderas. ¿Cómo llegaste a la idea hacer este documental?

Fue una de estas oportunidades importantes de trabajar realmente por comisión. Es un proyecto que fue desarrollado por el Fondo de Acción Urgente de Latinoamérica y el Caribe. Es un fondo feminista que hace apoyos a mujeres en territorio de distintos tipos.

Participamos en un pequeño concurso donde podíamos hacer una propuesta de cómo contar historias de mujeres defensoras de sus territorios. Generamos un proyecto, y ganamos para para producir esta serie en donde entonces realizamos tres capítulos.

En Dona’m Cine articipé  con el último de los episodios que se llama Hermanas del Altiplano, que es la historia de las mujeres en Bolivia. Pero cada uno de los tres capítulos, son parte de esta miniserie web que se llama Cuidanderas, que retrata en cada uno de los capítulos a un grupo de mujeres que defienden su territorio de algún tipo de extractivismo.

El abordaje inicial a nivel creativo, sabíamos que queríamos básicamente contar estas historias, de la relación entre el territorio y el cuerpo y cómo hay un paralelismo entre la violencia y la extracción que se genera en la tierra y cómo eso nos afecta a nosotras como como mujeres en particular, y cómo se conecta de pronto la tierra y el cuerpo de la mujer.

Fuimos a cada uno de los territorios muy abiertos a descubrir la historia. Nos reunimos con las mujeres que iban a estar en cada capítulo, a tener conversaciones previamente, a saber que íbamos a conseguir, y sobre todo a generar confianza, entendiendo que que soy una mujer blanca de la ciudad con privilegios profesional, que voy a entrar a un lugar al que no quiero invadir, en el que quiero trabajar desde un lugar horizontal y no vertical.

Quiero conectar con las personas que tienen una experiencia de vida completamente distinta a la mía para poder contar su historia y no desde un lugar de condescendencia o no desde un lugar de superioridad en el que yo voy a contar tu historia, sino, que resulta que tengo las capacidades técnicas, económicas y logísticas en este momento para que contemos esta historia.

Simplemente somos un canal, sabemos operar la cámara y sabemos de narrativa y sabemos editar, pero la historia no es mía.  Creo que con ese sentimiento me fui entonces a la Amazonía.

Aquí en Ecuador fuimos al Pacífico en Colombia y fuimos al altiplano en Bolivia, a entender los desafíos de distintos tipos de mujeres y tratar de eso, retratarlo y compartirlo desde el audiovisual de una forma que el público, desde cualquier lugar del mundo pueda ver esa historia local y entender que son desafíos universales y que lo que pasa en un sitio pues duele en otro también.

¿Cuál dirías que ha sido como el mayor aprendizaje de toda esta serie documental?

Fue muy duro. Estando por ejemplo en Buenaventura, Colombia, creo que en allá escuché las historias más rudas que he escuchado jamás en la vida de cada una de las mujeres con las que pudimos compartir, de la red de mariposas, y poder escuchar historias de vida que son súper fuertes.

Que no se comparan de ninguna manera. Como que a los problemas o a los desafíos que yo haya podido sobrellevar en la vida. Y ojo, que todos los problemas son válidos. Tampoco hay que cargar con una culpa, todos los problemas en cualquier lugar son válidos.

Pero cuando conoces historias de vida que han tenido tantos retos y tantos desafíos, desde violencias sistemáticas hasta violencias intrafamiliares o violencias de todo tipo por todos lados, de todos los colores, sabores, olores y ver que igual están llenas de alegría, que su medicina es el comadreo, su medicina es la amiga, la hermana, la comadre. Creo que la mayor lección es saber que en medio de cualquier oscuridad siempre hay un poquito de luz y normalmente esa luz viene acompañada de amor y de otras, y de una tribu y de que en la unión verdaderamente está la fuerza.  Que la comunidad realmente es muy importante y que si ellas pueden continuar su vida desde la alegría, yo también puedo.

Entender la importancia del gozo, del compartir, del reír, del bailar, de sanar internamente, de que es posible, y que además es una responsabilidad social a alegría. Todos y todas somos responsables de buscar nuestra propia alegría para hacer que nuestra comunidad esté mejor.

¿Cómo conociste Dona’m Cine?

Fue un proceso, un desafío. Este, porque yo empecé trabajando con un codirector con el que ya para el tercer capítulo no continué y es con el que participé, Hermanas del Altiplano en Bolivia.  Lo dirigí yo sola y dije, no me puedo quedar con esto así,  sin mayor difusión y distribución.

Sin embargo, la mayoría de estos trabajos , normalmente son trabajos que las organizaciones publican,  están libres para ver en YouTube o en cualquier plataforma digital. Entonces te pierdes la opción de postular a muchos festivales,  porque los festivales de cine o ciertas plataformas de distribución de cine quieren la exclusividad.

Y entré en una misión de necesito conseguir algún espacio o algunos espacios a nivel internacional que conecten con el mensaje de fondo de acción urgente. Necesariamente tenían que ser espacios feministas y espacios que conectaran con un sentimiento de anti extractivismo o anticapitalismo, o de conservación del ambiente.

Les conseguí buscándoles por internet, porque estaba necesitando espacios donde podemos contar historias de mujeres defensoras de territorio que ya estuviesen disponibles a todo público y que pudiesen eso de repente valorar ese lugar desde el cual realizamos esta producción.

Aunque ya lo has mencionado antes brevemente, ¿cómo fue tu experiencia en el transcurso del Festival de Cine?

Para mí fue muy bonito tener el premio, sobre todo que fuese premio Berta Cáceres, porque siento que también visibiliza no solamente la historia que yo estaba contando, sino por otro lado sigue visibilizando también a Berta Cáceres y su historia.

Y la idea de poder, de cierta forma, generar un efecto dominó en el que podamos visibilizar aún más mujeres lideresas del mundo.

Para mí t fue muy importante sentir que recibí un premio por una labor que vengo tratando de ejecutar, significó la validación de mi trabajo profesionalmente. Pero además es una oportunidad muy importante de visibilizar las luchas de mujeres latinoamericanas, desde Berta Cáceres hasta las mujeres de la Red de defensoras de la madre de la Madre Tierra en Bolivia, que están retratadas en nuestro corto.

¿Qué otros proyectos tienes en mente o estas planeando?

Estoy cerca de difundir una serie de animaciones que trabajé recientemente en un proyecto ambiental con el programa Red y el Ministerio del Ambiente aquí en Ecuador. Son tres animaciones que desarrollamos, una serie que se llama Eco Cuentos. Fue un proceso muy bonito porque realizamos una serie de talleres en tres comunidades locales con niños, niñas y adolescentes de estas comunidades.

Trabajamos en una comunidad en la Amazonía, otra en la Sierra y otra en la costa. Entonces desarrollamos con ellos talleres que tenían un componente ambiental, pero luego un componente narrativo también donde creamos personajes, creamos historias donde luego los trajimos. Estos personajes y estas historias de cada uno de cada comunidad. Con eso trabajé un guion y trabajé con todos los equipos de animación para retratar.

Este entonces bueno, ese ha sido un proyecto bien lindo y yo tengo constantemente montones de ideas, de proyectos, tanto de ficción como de documental en mente. Siempre tratando de averiguar cómo lograr producirlos.

Tengo o estoy tratando de desarrollar un largo documental que pueda contar o retrate las historias de distintas mujeres indígenas, lideresas aquí en Latinoamérica, sobre todo mujeres amazónicas, que nos pueda mostrar un poco cómo el precio a pagar de ocupar esos espacios de liderazgo político que están ocupando, lo que significa muchas veces para ellas ejercer esos espacios, tener que irse a las ciudades muchas veces dejando a su familia un poco desamparada o expuesta a otros tipos de peligros, y se generan muchas situaciones que igual son muy fuertes y muy rudas, y estas mujeres deciden hacerlo para luchar por sus territorios y por sus comunidades, pero pero pagan un precio muy fuerte al tomar esa decisión de irse de casa.

¿Qué qué evolución crees que tiene el cine feminista?

Creo que es complejo porque sea creo que necesitamos que más mujeres y disidencias ocupen espacios de toma de decisión creativa dentro de proyectos audiovisuales. Nos necesitamos escribiendo historias, nos necesitamos dirigiendo historias y protagonizando, en las que estos personajes también a su vez puedan contarnos sean desde un lugar documental o desde la ficción.

Creo que es importante ir entrando con estas historias dentro de espacios más mainstream. Creo que los éxitos comerciales son bienvenidos. Es decir porque no lograr películas como Barbi y apoyarlas y sentirte más representada o identificada con la película billonaria.

Creo que no tenemos por qué quedarnos dentro de lugares de espacio artístico o de autor. Está bien ocupar todos los espacios. Para mí el cine feminista tiene que continuar evolucionando, transformándose como nos transformamos, ocupando más espacios y siendo más arriesgadas, contando historias desde distintos ángulos y llegando, ampliando y ampliando y ampliando más para tratar de ejercer un poco de cambio, de opresión en unas balanzas que están hacia un lado desde hace demasiado tiempo

Para terminar, ¿Qué película, documental o serie feminista te ha inspirado?

Voy a hablar de dos series. Las dos son británicas. Me encantaría pensar en algo latino, pero fueron las primeras que me vinieron a la mente y se me vinieron a la mente porque son mujeres que son creadoras, escritoras, directoras y protagonistas de sus series. Y para mi eso es como una gran inspiración y me encantaría hacer eso yo. Son dos mujeres que cada una también transmitió de cierta forma sus experiencias de vida en estas series que crearon.

Una es Fleabag. No sé cómo se traduce al español, pero ella es el nombre de la creadora, de protagonista, directora. Todo es igual. Es excelente, y quiero ser como ella. Quiero contar mi historia y dirigirme y actuar, y escribir. Me encantó.

Y la otra es de otra mujer británica, y se llama I may destroy you. Y es bien dura porque toca temas de racismo, de abuso sexual. Ella es la creadora, es una mujer negra, británica, durísima, que igual ella es la que actúa, escribe, dirige y es un poco la historia de su vida.  Además ella rechazó a Netflix por una compra millonaria que le iban a hacer por la serie, pero le quitaban todos los derechos de ella, y dijo no.

Creo que son mujeres que están decidiendo todas las partes creativas que están retratando sus historias, sus angustias, sus vivencias, mezclan la tragedia y la comedia.

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